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¡DORAR LA PÍLDORA!

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La frase hecha de esta semana ha traído de cabeza a Lúa y a Marcos. Por más que trataban de entender el significado de la nueva expresión que la mamá de Lúa soltó durante el desayuno, no lo lograban. Y es lo que tienen algunos dichos de nuestra lengua, que su significado literal poco  o nada, tiene que ver con el motivo real de su uso. ¡Y es que cómo van a saber qué diantres quiere decir ‘Dorar la Píldora’ si nadie se lo explica!

Pues nada, a ello vamos. Aunque el origen de la expresión Dorar la Píldora sí se corresponde con el significado que refieren sus palabras, la realidad es que la locución pasó a utilizarse para describir aquella situación en la que un individuo dulcifica una noticia mala para evitar herir a aquel que la recibe. Asimismo, también se generalizó su uso para referirse a ese momento en el que una persona engalana la realidad de una situación haciéndola parecer más bonita de lo que es con el fin de obtener el favor del otro.

Hasta aquí el uso de Dorar la Píldora, pero… ¿Cuál fue su origen? Antiguamente, los remedios o medicamentos destinados a combatir los males del ser humano eran desarrollados por boticarios, y no por los gigantes farmacéuticos de hoy día. Su labor no sólo se ceñía a encontrar el antídoto adecuado para una determinada enfermedad, sino también en lograr que sus amargas creaciones, generalmente mezclas de los más diversos variopintos elementos, le supiesen bien al que las consumía.

Evidentemente, en aquel entonces no existían los excipientes que, a día de hoy, se emplean para camuflar el desagradable sabor de los medicamentos, así que los boticarios recurrían a recetas caseras para atenuar el mal sabor de sus píldoras. Por lo general, sumergían las pastillas en concentrados dulces para, a continuación, secarlas a fuego lento, hasta obtener una capa dura que envolvía los componentes más desagradables. ¿Curioso verdad?

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